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Sueños 18 noviembre 2009

Posted by eltoquedeseda in Suicidio.
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Hoy he vuelto a soñar. Cuando digo sueño quiero decir pesadilla. Ha durado varias horas. Me he despertado varias veces para ir al baño y, cuando volvía a dormirme, el sueño continuaba en el punto exacto donde lo había dejado.

Me viene ocurriendo desde hace dos semanas aproximadamente. Coincidiendo con el aniversario de mi intento de suicidio he pasado una semana de abatimiento, inactividad y pesadillas. No me he repuesto todavía.

Apenas he salido de casa en este tiempo, sintiendo permanentemente una fuerte idea de fracaso acompañada de un gran sentimiento de vergüenza y de culpa. Pensarme inútil y señalado por los demás es una de mis principales fuentes de sufrimiento. A menudo imagino conversaciones en las que salgo mal parado: mis jefes, mis compañeros de trabajo, mis amigos, mis conocidos. En esos momentos el sofá, el Orfidal y la televisión me parecen el único remedio posible.

Un perro andalúz

Volviendo al sueño. Yo tenía la edad que tengo ahora, pero no se por qué motivos tenía que pasar el verano con mis padres: yo intentaba razonar, preguntar por qué, al final me negaba y mi padre me pegaba. Yo lloraba y gritaba. Recuerdo que me trataba mal en la calle, delante de mi novio, y que me hablaba con violencia y desprecio. Yo tenía miedo, pero la rabia me podía. Al final, me iba a la casa que fue de mi abuela –esto lo he soñado otras veces-, que  estaba vendida pero donde yo viviría mientras los nuevos dueños no la ocupasen. También soñaba que tenía un piso alquilado -que yo había olvidado- y en el sueño sufría por  si no había pagado las mensualidades y por la posibilidad de que mis cosas ya no estuviesen allí. También recuerdo que al ir a casa de mis padres, vi que estaban reformando la fachada de su edificio, poniendo gresite de color verde, y yo les señalaba que había una parte que estaba mal colocada. Esto también derivaba en conflicto.

Sueño de Dalí para A. Hitchcock

Lo que más me ha sorprendido al despertarme era la intensidad con la que había sentido mis viejas angustias: la impotencia frente a la agresión, la culpa, la irracionalidad ejercida por la fuerza, el dolor de no sentirme querido, el querer ser otro y estar en otro lugar, la soledad y la afrenta.

Eran ya las 12.30 horas. He bajado a desayunar y a pasear a mi perro.

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